
La complejidad y la belleza aural de los cantos de ballenas y delfines es estudiada por biólogos marinos en todo el mundo, compuesta por una variedad de sonidos y significados que han hecho a muchos investigadores teorizar que las ballenas tienen un lenguaje con una gramática particular y una estructura jerárquica en cierta forma similar a la sintaxis humana. Acaso un lenguaje de frecuencias que resuenan por la bóveda del mar como indescifrables y angelicales cantos que guardan los secretos planetarios.
Más allá del campo semántico de estos cantos, haciendo un puente de sinestesia matemática entre el sonido y la imagen, podemos apreciar que dentro de su lenguaje sonoro está el lenguaje fractal que permea el universo. Si podemos ver la espiral galáctica en la secuencia de Fibonacci, en las huellas digitales, en los sistemas meteorológicos o en un caracol, también es posible ver en el canto de las ballenas y los delfines parte de este código formal que unifica a todas las cosas del universo bajo una correspondencia geométrica. No sería exagerado decir que dentro de las frecuencias que emiten los cetáceos hay mandalas, montañas, galaxias y elementos aún imperceptibles que reflejan la armonía subyacente en la materia, el código ubicuo, nadando en el sonido. Sigue leyendo






