El estrés no es algo que nos pasa, sino algo que fabricamos. No es bueno ni malo, sino un cambio fisiológico funcional que nos prepara para afrontar diversas situaciones.
En situación de amenaza (real o imaginada), el estrés libera reacciones que agudizan los sentidos y genera una gran cantidad de energía que modifica los mecanismos corporales. Pero el mundo ha cambiado, y ya no escapamos de los depredadores ni corremos en cacerías. El ejercicio físico, clave para consumir ese excedente energético, brilla por su ausencia en la sedentaria sociedad occidental moderna.
La reacción más frecuente ante el estrés es la ansiedad, que provoca rigidez y posturas defensivas (el estrés es, en sí mismo, una postura defensiva natural que venimos conservando desde hace milenios). El origen más frecuente es el entorno habitual: trabajo y familia. Pero el problema no es tanto el exterior como nuestra actitud y los recursos de los que disponemos para afrontarlo. Podemos decir que el problema no es el estrés, sino nosotros reaccionando al estrés.
La medicina conoce perfectamente los terribles efectos del estrés mal gestionado. Diversos estudios han asignado puntuaciones a distintas situaciones cotidianas, desde la muerte de un ser cercano hasta las navidades, pasando por mudanzas, fin de una relación de pareja, una enfermedad, un embarazo o problemas sexuales, entre muchos otros. Si la suma de cifras que le asignan a una persona en función de los acontecimientos de su vida supera 150 puntos en un año -y según los baremos no es algo complicado-, la persona tiene un 51% de posibilidades de sufrir una enfermedad en un periodo de 3 meses. Si es mayor de 300, el porcentaje es del 90%.
Si estimulamos nuestro cerebro crecen las protuberancias en los tentáculos de las neuronas y se incrementa el número de sinapsis o conexiones entre ellas. Aumentando nuestras capacidades intelectuales disponemos de mejores recursos para afrontar situaciones inesperadas que nos ponen alerta, y lo más importante, aumentan las posibilidades de secretar endorfinas. Sigue leyendo →